Después
de leer Independencia, me ha quedado la sensación de estar ante una
novela que va mucho más allá de una simple historia policial. Javier Cercas
vuelve a ponerse en la piel de Melchor Marín, el protagonista de Terra Alta,
y nos lleva esta vez hasta una Barcelona ficticia de 2025, donde el crimen, la
política y los intereses de las grandes élites están mucho más relacionados de
lo que parece.
La
historia comienza cuando Melchor es llamado a Barcelona para investigar un caso
bastante delicado: la alcaldesa de la ciudad está siendo chantajeada con la
publicación de un vídeo sexual grabado años atrás sin su consentimiento. En él
aparecen también tres jóvenes pertenecientes a familias muy poderosas de la
alta burguesía catalana. Los chantajistas piden una importante cantidad de
dinero a cambio de mantener el vídeo en secreto.
A
partir de aquí comienza una investigación que, poco a poco, se va complicando y
que permite a Cercas mostrar la cara menos amable de quienes están
acostumbrados a moverse en las esferas del poder. Lo que más me ha llamado la
atención es que el autor no se limita a contar quién está detrás del chantaje,
sino que utiliza toda la trama para hacer una crítica bastante dura a las
élites económicas y políticas.
El
título, Independencia, tampoco parece casual. La novela está muy
relacionada con el contexto del procés y con el enfrentamiento político
que vivió Cataluña, pero Cercas plantea el tema desde una perspectiva bastante
crítica. Lo que se pone en duda no son únicamente unas determinadas ideas
políticas, sino también la forma en que algunas personas pueden utilizar esas
ideas y los sentimientos colectivos para defender sus propios intereses. Al
final, da la impresión de que detrás de los grandes discursos sobre principios
e ideales siempre puede haber alguien preocupado, sobre todo, por conservar su
dinero y su poder.
Sin
embargo, para mí, uno de los aspectos más interesantes de la novela es el
propio Melchor. Es un personaje que arrastra muchas heridas y que todavía no ha
conseguido dejar atrás su pasado. La muerte de su esposa, Olga, y el asesinato
de su madre siguen pesando sobre él y explican, en parte, esa manera tan
intensa que tiene de entender la justicia.
Melchor
es un personaje que me ha resultado especialmente contradictorio. Por un lado,
tiene un sentido de la justicia muy fuerte y una especie de código moral del
que no quiere apartarse. Pero, por otro, también tiene una parte mucho más
oscura y violenta que le lleva, en determinados momentos, a tomarse la justicia
por su mano. Esa contradicción hace que no sea el típico protagonista perfecto
que siempre sabe qué hacer, sino alguien mucho más humano, con dudas, errores y
límites difíciles de controlar.
También
me ha gustado especialmente la relación con su hija, Cosette. El nombre,
inspirado en Los miserables, refleja la importancia que tiene la
literatura en la vida de Melchor. A pesar de todo lo que le ha ocurrido,
intenta proteger a su hija y construir con ella una vida más estable. Creo que
esta parte más personal consigue equilibrar bastante bien toda la trama de
política, corrupción y violencia.
A
medida que avanza la investigación, Melchor consigue descubrir quién está
detrás del chantaje y acaba enfrentándose directamente a ese mundo de poder y
privilegios. Finalmente, la extorsión queda desactivada y el dinero del rescate
desaparece gracias a un robo cibernético bastante ingenioso.
Pero,
más allá de resolver el caso, lo que me parece más significativo es lo que hace
Melchor después. Cansado de todo lo que ha vivido en Barcelona y de haberse
enfrentado a las cloacas del poder, decide regresar a la Terra Alta. Allí
quiere empezar de nuevo, trabajar como bibliotecario, cuidar de Cosette y,
quizá, permitirse la posibilidad de volver a enamorarse.
Personalmente,
creo que ese regreso tiene mucho sentido. Después de todo el ruido, la
violencia y las luchas de poder que rodean la historia, Melchor parece darse
cuenta de que lo que realmente busca no es seguir luchando contra todo el
mundo, sino encontrar un poco de paz. Y me gusta que el final tenga
precisamente ese punto de esperanza.
En
definitiva, Independencia me ha parecido una novela interesante porque
consigue mezclar una trama de suspense con una crítica bastante evidente a la
política, al dinero y a las personas que utilizan el poder en su propio
beneficio. Pero, sobre todo, creo que funciona por Melchor Marín, un
protagonista imperfecto, marcado por sus pérdidas y obsesionado con la
justicia.
No
es una novela que se limite a entretener con una investigación policial.
Mientras sigues la historia, también te hace pensar en quién tiene realmente el
poder, en cuánto hay de verdad detrás de los discursos políticos y en lo fácil
que puede ser manipular a una sociedad cuando se controlan los recursos y la
influencia.
Y,
al final, quizá lo que más me ha gustado es que, después de todo lo ocurrido,
Melchor no busque convertirse en un héroe, sino simplemente volver a casa. A la
Terra Alta, a los libros, a su hija y a una vida un poco más tranquila.


