martes, 8 de septiembre de 2026

Independencia (Javier Cercas)


Después de leer Independencia, me ha quedado la sensación de estar ante una novela que va mucho más allá de una simple historia policial. Javier Cercas vuelve a ponerse en la piel de Melchor Marín, el protagonista de Terra Alta, y nos lleva esta vez hasta una Barcelona ficticia de 2025, donde el crimen, la política y los intereses de las grandes élites están mucho más relacionados de lo que parece.

La historia comienza cuando Melchor es llamado a Barcelona para investigar un caso bastante delicado: la alcaldesa de la ciudad está siendo chantajeada con la publicación de un vídeo sexual grabado años atrás sin su consentimiento. En él aparecen también tres jóvenes pertenecientes a familias muy poderosas de la alta burguesía catalana. Los chantajistas piden una importante cantidad de dinero a cambio de mantener el vídeo en secreto.

A partir de aquí comienza una investigación que, poco a poco, se va complicando y que permite a Cercas mostrar la cara menos amable de quienes están acostumbrados a moverse en las esferas del poder. Lo que más me ha llamado la atención es que el autor no se limita a contar quién está detrás del chantaje, sino que utiliza toda la trama para hacer una crítica bastante dura a las élites económicas y políticas.

El título, Independencia, tampoco parece casual. La novela está muy relacionada con el contexto del procés y con el enfrentamiento político que vivió Cataluña, pero Cercas plantea el tema desde una perspectiva bastante crítica. Lo que se pone en duda no son únicamente unas determinadas ideas políticas, sino también la forma en que algunas personas pueden utilizar esas ideas y los sentimientos colectivos para defender sus propios intereses. Al final, da la impresión de que detrás de los grandes discursos sobre principios e ideales siempre puede haber alguien preocupado, sobre todo, por conservar su dinero y su poder.

Sin embargo, para mí, uno de los aspectos más interesantes de la novela es el propio Melchor. Es un personaje que arrastra muchas heridas y que todavía no ha conseguido dejar atrás su pasado. La muerte de su esposa, Olga, y el asesinato de su madre siguen pesando sobre él y explican, en parte, esa manera tan intensa que tiene de entender la justicia.

Melchor es un personaje que me ha resultado especialmente contradictorio. Por un lado, tiene un sentido de la justicia muy fuerte y una especie de código moral del que no quiere apartarse. Pero, por otro, también tiene una parte mucho más oscura y violenta que le lleva, en determinados momentos, a tomarse la justicia por su mano. Esa contradicción hace que no sea el típico protagonista perfecto que siempre sabe qué hacer, sino alguien mucho más humano, con dudas, errores y límites difíciles de controlar.

También me ha gustado especialmente la relación con su hija, Cosette. El nombre, inspirado en Los miserables, refleja la importancia que tiene la literatura en la vida de Melchor. A pesar de todo lo que le ha ocurrido, intenta proteger a su hija y construir con ella una vida más estable. Creo que esta parte más personal consigue equilibrar bastante bien toda la trama de política, corrupción y violencia.

A medida que avanza la investigación, Melchor consigue descubrir quién está detrás del chantaje y acaba enfrentándose directamente a ese mundo de poder y privilegios. Finalmente, la extorsión queda desactivada y el dinero del rescate desaparece gracias a un robo cibernético bastante ingenioso.

Pero, más allá de resolver el caso, lo que me parece más significativo es lo que hace Melchor después. Cansado de todo lo que ha vivido en Barcelona y de haberse enfrentado a las cloacas del poder, decide regresar a la Terra Alta. Allí quiere empezar de nuevo, trabajar como bibliotecario, cuidar de Cosette y, quizá, permitirse la posibilidad de volver a enamorarse.

Personalmente, creo que ese regreso tiene mucho sentido. Después de todo el ruido, la violencia y las luchas de poder que rodean la historia, Melchor parece darse cuenta de que lo que realmente busca no es seguir luchando contra todo el mundo, sino encontrar un poco de paz. Y me gusta que el final tenga precisamente ese punto de esperanza.

En definitiva, Independencia me ha parecido una novela interesante porque consigue mezclar una trama de suspense con una crítica bastante evidente a la política, al dinero y a las personas que utilizan el poder en su propio beneficio. Pero, sobre todo, creo que funciona por Melchor Marín, un protagonista imperfecto, marcado por sus pérdidas y obsesionado con la justicia.

No es una novela que se limite a entretener con una investigación policial. Mientras sigues la historia, también te hace pensar en quién tiene realmente el poder, en cuánto hay de verdad detrás de los discursos políticos y en lo fácil que puede ser manipular a una sociedad cuando se controlan los recursos y la influencia.

Y, al final, quizá lo que más me ha gustado es que, después de todo lo ocurrido, Melchor no busque convertirse en un héroe, sino simplemente volver a casa. A la Terra Alta, a los libros, a su hija y a una vida un poco más tranquila.

 


 

domingo, 6 de septiembre de 2026

-Usos amorosos de la postguerra española (Carmen Martín Gaite)


Usos amorosos de la postguerra española (1987) es, más que un simple ensayo sobre la dictadura franquista y la moral católica de las décadas de 1940 y 1950, una radiografía brutal —y tremendamente lúcida— de cómo el régimen se metió hasta en la cama de nuestros abuelos. Carmen Martín Gaite no solo se llevó el Premio Anagrama de Ensayo por esta obra; logró capturar la asfixia cotidiana de una época donde hasta quererse bien estaba controlado.

Leyendo el libro, llaman especialmente la atención cuatro claves que resumen perfectamente aquel ambiente:

  • Racionar hasta lo que se siente: En los años del hambre no solo se recortaba la comida; el régimen también impuso una autarquía emocional. Expresar cariño de más o dejarse llevar por la pasión era visto casi como una provocación o «cosa de rojos». Había que guardarse todo dentro, medir las palabras y mantener una contención casi militar en lo afectivo.
  • La trampa perfecta para las mujeres: A la mujer de la posguerra le vendieron un único destino válido: el matrimonio. De la mano del adoctrinamiento de la Sección Femenina, la meta era convertirse en la perfecta ama de casa, coser, cuidar al marido y llenar la casa de hijos. Quedarse soltera o «vestir santos» significaba pasar a ser un fracaso a ojos de todos. En el fondo, importar importaba poco cómo te sintieras; lo crucial era guardar las formas y aparentar decencia.
  • La doble moral de los hombres: Ellos tampoco lo tenían fácil, aunque jugaran con otras reglas. Se veían atrapados en una contradicción absurda: por un lado debían mantener un noviazgo casto y puritano con su «prometida formal», y por otro se les empujaba a buscar fuera lo que el matrimonio prohibía explorar. Una dinamita directa a cualquier posibilidad de construir una relación sincera.
  • El noviazgo como trámite vigilado: Un noviazgo en aquella época no era un espacio de libertad, sino un contrato bajo la lupa de la familia y los vecinos. Había que anular cualquier atisbo de pasión o improvisación para encauzar a la pareja hacia una boda gris y predecible. Lo fascinante del ensayo es cómo Martín Gaite rescata los detalles de ese día a día: las tardes de cine en pandilla, los primeros guateques, la tortura de fajas y pololos, las chicas "topolino" o lo que significaba un símbolo como la muñeca Mariquita Pérez.


 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

-Cuentos para un destierro digno (Martín Lorenzo Paredes Aparicio)


Hay libros que se leen y libros que se habitan. Cuentos para un destierro digno, de Martín Lorenzo Paredes Aparicio, pertenece sin duda al segundo grupo. Cuando me adentré en sus doce relatos, no tardé en darme cuenta de que no estaba ante una simple recopilación de historias sobre Jaén, sino ante una auténtica declaración de amor —y de resistencia— a una ciudad y a sus olvidados.

Lo que más me ha cautivado de la mirada de Paredes Aparicio es cómo consigue elevar la geografía giennense. Sus plazas, sus callejones sin luz y los fantasmas de sus conventos derribados dejan de ser meros decorados para convertirse en un personaje vivo que late, duele y protesta contra el abandono institucional y la desmemoria.

Un universo entre lo lírico y lo cotidiano

Si tuviera que definir el estilo del libro, diría que se mueve en un bellísimo «realismo mágico andaluz». Lo insólito se cuela en la rutina con una naturalidad pasmosa, envuelto en una prosa poética fina que nunca resulta recargada.

A lo largo de sus páginas, el autor nos invita a mirar el destierro no como una derrota, sino como un espacio donde reclamar dignidad. Y lo hace tejiendo hilos entre realidades muy diversas:

  • El exilio físico y el trauma interior: Me impactó especialmente el modo en que aborda la figura del refugiado. El dolor de quien huye de la guerra se entrelaza con el desarraigo de quienes caminan por la ciudad como fantasmas de su propio pasado. Al final, la obra nos recuerda algo profundo: la lucha de un refugiado por no ser invisible es exactamente la misma que la de una ciudad por no ser borrada del mapa.

  • La fuerza de las voces femeninas y el tiempo circular: La narrativa no sigue una línea recta; avanza en espiral, guiada muchas veces por personajes femeninos complejos, llenos de matices y fuerza.

Destellos que se quedan en la retina

Hay estampas en el volumen que me parecieron sencillamente inolvidables:

  • La travesía de Elena: Esa anciana violinista que viaja en el tranvía mientras tropieza con libros que aparecen misteriosamente en su asiento.

  • Los diálogos con el pasado: El reencuentro nostálgico con figuras clave de la cultura local, como el maestro Cebrián o el poeta Bernardo López, que regresan para conversar con nuestro presente.

  • El misterio de las tres rosas amarillas: Un relato conmovedor que conecta la desorientación del migrante actual con el trágico eco de tres mujeres juzgadas por brujería siglos atrás.

Para mí, Cuentos para un destierro digno ha sido un descubrimiento bellísimo. Es una lectura de las que dejan poso, de las que te obligan a mirar con otros ojos las esquinas de tu propia ciudad y a empatizar con los silencios ajenos. Una joya imprescindible si buscas literatura con alma, compromiso y una sensibilidad exquisita.