domingo, 6 de septiembre de 2026

-Usos amorosos de la postguerra española (Carmen Martín Gaite)


Usos amorosos de la postguerra española (1987) es, más que un simple ensayo sobre la dictadura franquista y la moral católica de las décadas de 1940 y 1950, una radiografía brutal —y tremendamente lúcida— de cómo el régimen se metió hasta en la cama de nuestros abuelos. Carmen Martín Gaite no solo se llevó el Premio Anagrama de Ensayo por esta obra; logró capturar la asfixia cotidiana de una época donde hasta quererse bien estaba controlado.

Leyendo el libro, llaman especialmente la atención cuatro claves que resumen perfectamente aquel ambiente:

  • Racionar hasta lo que se siente: En los años del hambre no solo se recortaba la comida; el régimen también impuso una autarquía emocional. Expresar cariño de más o dejarse llevar por la pasión era visto casi como una provocación o «cosa de rojos». Había que guardarse todo dentro, medir las palabras y mantener una contención casi militar en lo afectivo.
  • La trampa perfecta para las mujeres: A la mujer de la posguerra le vendieron un único destino válido: el matrimonio. De la mano del adoctrinamiento de la Sección Femenina, la meta era convertirse en la perfecta ama de casa, coser, cuidar al marido y llenar la casa de hijos. Quedarse soltera o «vestir santos» significaba pasar a ser un fracaso a ojos de todos. En el fondo, importar importaba poco cómo te sintieras; lo crucial era guardar las formas y aparentar decencia.
  • La doble moral de los hombres: Ellos tampoco lo tenían fácil, aunque jugaran con otras reglas. Se veían atrapados en una contradicción absurda: por un lado debían mantener un noviazgo casto y puritano con su «prometida formal», y por otro se les empujaba a buscar fuera lo que el matrimonio prohibía explorar. Una dinamita directa a cualquier posibilidad de construir una relación sincera.
  • El noviazgo como trámite vigilado: Un noviazgo en aquella época no era un espacio de libertad, sino un contrato bajo la lupa de la familia y los vecinos. Había que anular cualquier atisbo de pasión o improvisación para encauzar a la pareja hacia una boda gris y predecible. Lo fascinante del ensayo es cómo Martín Gaite rescata los detalles de ese día a día: las tardes de cine en pandilla, los primeros guateques, la tortura de fajas y pololos, las chicas "topolino" o lo que significaba un símbolo como la muñeca Mariquita Pérez.


 

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