Mostrando entradas con la etiqueta Los dominios del lobo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los dominios del lobo. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de octubre de 2026

Los dominios del lobo (Javier Marías)


Leer Los dominios del lobo deja, por encima de todo, una sensación de absoluta sorpresa. Resulta impactante pensar que Javier Marías escribió esta historia con apenas 19 años, rompiendo de un plumazo con la literatura realista que se hacía en la España de principios de los setenta. En lugar de mirar a lo cercano, un jovencísimo Marías prefirió mirar hacia la pantalla y plantar su historia de lleno en los Estados Unidos.

Más que una novela al uso, el libro se siente como un divertido y cruento «pastiche» —como bien lo definió en su día Juan Benet—, una parodia tan inteligente como afectuosa del cine clásico de Hollywood. A partir del desmoronamiento de la familia Taeger en la Pensilvania de 1922, la trama se fragmenta en un abanico de relatos independientes donde se cruzan todos los géneros imaginables: desde las guerras de gánsteres de los años treinta y el cine negro, hasta los melodramas rurales y las pasiones del profundo Sur.

Lo que más atrapa de la lectura es esa libertad con la que el autor juega a llevar las situaciones al extremo. Los personajes tienen un trazo deliberadamente cercano a la caricatura y los acontecimientos se suceden con una exageración casi folletinesca. Sin embargo, no todo es mero juego de artificio: bajo esa superficie tan cinematográfica se entreven temas de fondo bastante más amargos, como la soledad, el poder, la violencia o la eterna dificultad para llegar a conocer de verdad a quienes nos rodean.

No voy a negar que por momentos puede resultar una lectura exigente. Tiene pasajes desconcertantes, ritmos volubles y situaciones tan absurdas que cuesta mantener el hilo o empatizar de forma tradicional con los personajes. Pero ahí reside también gran parte de su encanto: no busca ser una historia perfectamente creíble, sino invitar al lector a participar en una travesura narrativa.

En definitiva, Los dominios del lobo me parece una obra sumamente curiosa y valiente. Quizá importe más por su atmósfera, su audacia y su descaro estilístico que por el rigor de su trama, pero leída hoy posee el valor añadido de dejarnos ver, en estado puro y primerizo, la imaginación desbordante de quien terminaría siendo una de las grandes voces de nuestras letras. Una lectura diferente, original y francamente disfrutable si se aborda con ganas de dejarse llevar por el espectáculo.