Libertad (2010) es una aclamada novela
del escritor estadounidense Jonathan Franzen, considerada por la crítica internacional como una de las obras
literarias más importantes del siglo XXI. Más que contarnos una historia llena
de giros inesperados, lo que hace el autor es meternos de lleno en la casa y en
las cabezas de la familia Berglund —un matrimonio de clase media-alta del Medio
Oeste americano— para hacer un retrato muy fino y directo de la sociedad actual
y de lo complicadas que son las relaciones humanas.
Lo
mejor del libro es cómo están construidos los personajes. No son ni héroes ni
villanos; son personas imperfectas, egoístas a veces, que se equivocan y meten
la pata como cualquiera. Precisamente por eso resulta tan fácil entender de
dónde vienen sus decisiones, aunque a veces nos dé un poco de apuro
reconocernos en sus propias contradicciones:
- Patty: Empieza siendo la
madre y vecina modélica, pero termina cayendo en una crisis personal al
darse cuenta de que la vida que ha elegido no es la que realmente quería.
- Walter: Su marido, un abogado
ecologista obsesionado con la sobrepoblación. Es un hombre de principios
muy firmes, pero cuanto más intenta ser fiel a sus ideas, más choca con
sus propios deseos y más se complica la vida con la gente que quiere.
- Richard: Músico de rock, amigo
de Walter y antiguo amor de Patty. Representa justo lo contrario: una vida
impulsiva, al margen de ataduras familiares, cerrando un triángulo amoroso
con bastante tensión.
- Joey: El hijo menor, que
decide rebelarse contra el progresismo de sus padres mudándose
directamente con los vecinos republicanos.
Pero
el verdadero tema central de la novela es justo lo que anuncia el título: qué
hacemos realmente con la libertad. Franzen nos demuestra que tener un
abanico infinito de posibilidades para elegir no nos asegura ser felices. Al
contrario: nos genera ansiedad, dudas, culpa y esa sensación constante de que
al elegir un camino estamos perdiendo todos los demás. Al final, la historia
plantea una pregunta muy sencilla de formular pero dificilísima de responder:
¿hasta qué punto podemos vivir exactamente como queremos sin hacer daño a los
que tenemos al lado?
Todo
esto se enmarca además en un contexto muy realista donde la política, el
ecologismo, el consumo y las grandes corporaciones se cruzan continuamente con
la vida cotidiana y privada de los protagonistas.
En
cuanto al estilo, Franzen escribe al modo de los grandes novelistas del siglo
XIX, al estilo de Tolstói, pero con un toque de humor negro muy actual. Es
verdad que es un libro largo y que a veces el ritmo se vuelve más lento por el
enorme nivel de detalle con el que explica el pasado de cada uno o ciertos
debates políticos; pero esa calma es necesaria para llegar al fondo de la
psicología de los personajes.
En
resumen, Libertad
me ha parecido una novela ambiciosa, muy humana y perfecta para quienes busquen
una lectura que haga pensar. No pretende dar respuestas masticadas ni
soluciones fáciles, sino enseñarnos que ser libres no es hacer lo que nos da la
gana sin más, sino aprender a convivir con las renuncias y las consecuencias de
nuestras decisiones.
