lunes, 1 de febrero de 2021

Julio Cortázar


JULIO CORTÁZAR 


HAPPY NEW YEAR 

Mira, no pido mucho,

solamente tu mano, tenerla

como un sapito que duerme así contento.

Necesito esa puerta que me dabas

para entrar a tu mundo, ese trocito

de azúcar verde, de redondo alegre.

¿No me prestas tu mano en esta noche

de fin de año de lechuzas roncas?

No puedes, por razones técnicas. Entonces

la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,

el durazno sedoso de la palma

y el dorso, ese país de azules árboles.

Así la tomo y la sostengo, como

si de ello dependiera

muchísimo del mundo,

la sucesión de las cuatro estaciones,

el canto de los gallos, el amor de los hombres.






 

viernes, 8 de mayo de 2020

José de Espronceda y Delgado "LA CANCIÓN DEL PIRATA"





Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.

Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;

y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:

“Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de “¡barco viene!”
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor, aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

 

martes, 28 de abril de 2020

Federico García Lorca "PEQUEÑO VALS VIENÉS"



En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.
Poeta en Nueva York 

domingo, 14 de julio de 2019

Vicente Aleixandre "EL MAR"

Fotografía de la red

EL MAR
¡Quién dijo acaso que la mar suspira,
labio de amor hacia las playas, triste?
Dejad que envuelta por la luz campee.
¡Gloria, gloria en la altura, y en la mar, el oro!
¡Ah soberana luz que envuelve, canta
la inmarcesible edad del mar gozante!
Allá, reverberando
sin tiempo, el mar existe,
¡Un corazón de dios sin muerte, late!
Vicente Aleixandre "Sombra en el Paraiso" poema "Los inmortales" 



jueves, 27 de junio de 2019

Felipe Sérvulo "TE PIDO CITA UN VIERNES CUALQUIERA"

Fotografía de la red

Te pido cita un viernes cualquiera,
en la plaza de esa ciudad
que solo existe en nuestros sueños.

Y la pena se derrite en este julio sofocante
cuando llamas y tu palabra se vuelve jardín
y caen flores de acacias que chispean y refrescan.

Me estremece el cielo refulgente que me inunda,
la ofrenda cobriza de la media tarde.

Y el verso que sorprende porque viene muy lejano,
pero sé que estoy vivo porque así tú te manifiestas.

Felipe Sérvulo. "El último vagón"  Editorial Playa de Ákaba 

domingo, 30 de diciembre de 2018

Hermann Hesse_ "CADUCIDAD"

Del árbol de mi vida 
se desprende hoja tras hoja.
¡Oh, mundo de delirios,
cómo nos sacias,
cómo nos sacias y fatigas,
cómo nos embriagas!
Lo que hoy aún florece,
pronto se marchita,
pronto sonará el viento
sobre mi tumba parda,
sobre el niño pequeño
se inclina la madre.
Quiero ver sus ojos de nuevo,
su mirada es mi estrella,
todo lo demás puede dispersarse,
todo muere, todo muere gustoso.
Sólo permanece la Madre eterna
de quien procedemos,
sus dedos escriben juguetones
nuestro nombre en el aire efímero. 

Herman Hesse, "El caminante"Editorial Bruguera,S.A.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Martín Paredes Aparicio _"INVIERNO"

En este invierno sin piel, sin huesos, sin nieve
que ver.
Sin palabra.
Sin voz.
Solo con este poema.
Escribiendo mi soledad. 

Martín Paredes Aparicio, "La voz de los callados" Editorial Poesía eres tú

martes, 4 de diciembre de 2018

Gloria Fuertes

Nací para poeta o para muerto...

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.
Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.
Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

miércoles, 29 de agosto de 2018

BALADA A MI CÁMARA FOTOGRÁFICA (Paco Ayala)

                                        Fotografía de la Red 

Me gusta estar contigo a solas,

contigo y con tus diafragmas,

y con aquella mujer que llora,

cuando se me olvida el alma,

quiero estar solo, muy solo,

con ella, con mi cámara.



Solo, cuando me encuentre solo,

y se despierte la mañana

con el rocío en el campo verde

con ella colgada a mi espalda,

caminando solo, muy solo,

con ella, con mi cámara.



Mi soledad y ella me acompañan,

cuando salimos a pasear

por la playa o en la montaña,

soledad para pensar

en compañía de mi alma.



Enristrada en mi hombro,

amoldada a mis manos,

sabedora de mis secretos,

en caja negra guardados,

y de color repletos.



Sin ella no soy nada,

mi soledad nos acompaña,

vemos paisajes en la mente,

de imaginarios sueños,

de un amor imposible,

vivido en un trío perfecto

entre mi soledad,

yo y mi cámara.



Paco Ayala, 1955-2018 

Gracias por todo amigo 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El grito de Cronos



Quedó sola, muy sola
aquella silla de luna y anea.
Las calles desiertas,
las puertas cerradas,
la noche sin sombras
entre los vastos campos
de la celeste campiña; 
infinita y oscura.                                                                        
El grito de Cronos
retorció voces del pasado,
 derrumbando fortalezas,
asolando tronos,
torturando a los amantes
agazapados tras las esquinas.
Llegó el futuro
cargado de pena,
apagando el gran escenario,
borrando telones
con penuria de arena.
Los niños germinaron
con hoces en las manos,
segaron el presente
con una cuchilla ciega.
La vida no ríe, ni llora
ni juega, la vida se apaga
por una mecha cansada,
los hombres la tapan,
la llama se ahoga.
Y allí quedó sola, muy sola
aquella silla, de luna y anea.

 Miguel Ángel Cañada